¡He comenzado a hacer deporte y no pierdo peso!

Te has marcado un objetivo y los resultados se están haciendo esperar. Con una pizca de perseverancia y unos cuantos consejillos podrás analizar dónde está ese factor limitante.

Muchas veces los cambios en el estilo de vida no tienen que ser integrales: Cambio mi alimentación, mis rutinas, practico nuevas actividades, amplío mi círculo de conocidos, cambio de trabajo, aprendo una habilidad de la que carezco… Todo ello poco a poco.

Aunque un cambio integral del estilo de vida al completo es lo más recomendable para acercarte a la persona que realmente quieres ser, a veces es incluso recomendable seguir un acercamiento modular. Pasito a pasito. Partido a partido.

Mientras que un cambio integral nos supone una realidad completamente nueva, también se puede cambiar la realidad poco a poco. Y repito, en mi opinión es lo más recomendable tanto para tí como para mí.

Hoy voy a hablaros de la frustración que supone cambiar un eje de tu vida y no notar ningún tipo de cambio. Estoy hablando de ponernos a hacer ejercicio y no perder ni un gramo de peso. De hecho conozco casos que han ganado peso.
¿What?No tiene ningún sentido. Si gasto más tengo que perder. Es un hecho.
Peeeeero, siempre hay un pero. Hay cinco razones principales por las cuales el ejercicio no está causando el efecto deseado.

Los 5 pecados:

  1. Al aumentar el gasto energético por el deporte, consumimos más cantidad de alimento. La sensación de hambre aumenta a medida que nos ejercitamos más. El cuerpo pide la energía extra que gastamos. En principio seguiríamos con la dieta cotidiana, con las mismas cantidades y platos que antes de comenzar la práctica de actividades deportivas para asi no caer en “Lo comío por lo servío”.
  2. Se consumen los alimentos ANTES de realizar la actividad. Otro error muy curioso. El tomar alimentos (sobre todo azucarados) antes o durante la realización de la actividad. Mal. Se debe dejar al cuerpo que recurra a sus reservas de energía. De hecho el cuerpo humano posee un mecanismo de respuesta al ejercicio en el que interviene la hormona del crecimiento. Si hay mucho azúcar en sangre (como al tomar un refresco), no se libera. La hormona del crecimiento, se destina a hacer crecer al cuerpo, o sea tejido muscular y para ello utiliza reservas propias. Se libera en situaciones en las que el azúcar es bajo y se somete al cuerpo a un ejercicio intenso.
  3. No respetamos los tiempos del cuerpo. Como todo, nada en la vida es flor de un día. hay que ser paciente y permitir que se desarrolle el músculo y el glucógeno que lo nutrirá. Se han de desarrollar nuevos vasos sanguíneos, etc.. “Paciencia, no hay otra ciencia”.
  4. No acompasar el estilo de vida. Si además de cambiar tu actividad cambias tu dieta, el efecto es más pronunciado. Una cena ligera y sana tras un paseo en bicicleta o un rato de piscina es el doble de placentera.
  5. El no hacer ejercicio. ¿Cuándo fue la última vez que sudaste?¿Recuerdas la última vez que tuviste agujetas? Si te quedas pensando mucho ( y aunque no te vea ambos sabremos si ha sido mucho o no  ) es hora de cambiar la música que escuchas, tus horarios y rutinas pues es un momento idóneo para empezar a moverse. Ahora es el momento.

El ejercicio en sí mismo ya es una mejora a nuestro estilo de vida, no tiene que ir acompañado al objetivo de bajar de peso sino al de sentirte mejor. Lo mejor es que es gratuito, se nota desde el minuto 1 y te pone una sonrisa en la cara.

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